
Economista ilustrado nos informa de lo que está pasando "realmente" ...
http://www.youtube.com/watch?v=4rciG9Vjpzo&feature=player_embedded#! y lo más fuerte....en este texto de "El Periódico" on-line, podemos leer quiénes podrían ser....
Un gobierno mundial en la sombra
- La Reina y Kissinger. Foto: DANNY CAMINAL / REUTERS / STEPHEN JAFFE
edwin winkels
Sitges
acogerá entre el 3 y el 6 de junio una de las reuniones más importantes
celebradas en España. Pero el encuentro no se anuncia. Oficialmente, ni
existe. Se trata del Grupo Bilderberg, formado por reinas, políticos,
empresarios y banqueros que intentan influir en los gobiernos y en la
economía. Para algunos, solo es un grupo de debate. Para otros, son
«los amos del mundo».
El hotel debe estar cerca de un
aeropuerto, totalmente vacío y, si hay un campo de golf al lado, mejor.
También debe ser fácil de vigilar y de aislarlo del mundo exterior.
Todo para que los más poderosos del globo, un largo centenar de
gobernantes, empresarios, políticos, banqueros, intelectuales y
dirigentes de organismos internacionales, puedan reunirse a lo largo de
cuatro días en total privacidad. Ellos mismos no pueden llevar
escoltas, ni asistentes, ni secretarias, ni traductores. Solo ellos, en
una sala grande, cuatro veces al día. Y fuera de ella, en los pasillos,
el bar, la piscina o el campo de golf. Para decidir, o al menos influir
en lo que se cuece en el mundo, desde el precio del petróleo hasta la
invasión de un país rebelde, desde el nombre de futuros presidentes
hasta las crisis económicas. Su hermetismo les ha dado la fama de ser
conspiradores. Es posible que su poder no llegue a tal extremo, pero
son capaces de crear ambientes, causar corrientes y facilitar
decisiones.
La profecía de las ‘subprime’
Así lo
hacen todos los años los miembros del Club Bilderberg desde que en 1954
montaron su primera reunión elitista en un hotel de Holanda para
defender los intereses del capitalismo ante el empuje del comunismo de
la Europa del Este. Ahora, por primera vez se lo montan en Catalunya,
del 3 al 6 de junio, en el Hotel Dolce de Sitges, un lugar aislado al
sur del pueblo costero y fácil de proteger para que nadie le moleste a
este club selecto y privado en sus deliberaciones que, según algunos
ejemplos del pasado, pueden ser de una gran importancia para el devenir
mundial.
Dos ejemplos: ya en la reunión de mayo del 2002, que se
celebró en Virginia (EEUU), se habló claramente de la invasión –casi un
año después– de Irak; los participantes escucharon a uno de los
invitados especiales, el entonces secretario estadounidense de Defensa
Donald Rumsfeld, que a su vez aprovechó para medir el apoyo a dicho
ataque. Y cuatro años más tarde se filtró un mensaje preocupante desde
el seno de Bilderberg: iba a explotar el mercado inmobiliario de EEUU.
Así, ya en el 2006, los asistentes supieron que era mejor invertir en
oro que en inmuebles. Un año más tarde, estalló la crisis de las
hipotecas basura. Y en septiembre del 2008 quebró Lehman Brothers,
símbolo de la hecatombe financiera.
La de Sitges es la tercera vez
que los Bilderberg se reúnen en España, después de que en 1975, meses
antes de la muerte de Franco, desembarcaran en Palma de Mallorca, y de
que en 1989 se vieran en la isla gallega de A Toxa. La elección de
Sitges es un reflejo también de la creciente influencia de españoles en
el foro.
Con los años, el club ha perdido un poco el halo
conspirativo y ultrasecreto que le acompañó durante décadas. Sin
embargo, sí se mantiene el mutismo, a excepción de algunas manzanas
podridas dispuestas a filtrar informaciones con el riesgo de que nunca
más serán invitados. Jamás dan ruedas de prensa. Todo lo que se dice
ahí dentro es off the record.
Su única concesión es que la víspera
se facilitará la lista de los participantes y la agenda de los temas.
«Hasta muy pocos días antes de nuestro encuentro ni conocemos esa
agenda ni sabemos exactamente quiénes acudirán finalmente», asegura a
este diario el profesor universitario de Economía Victor Halberstadt,
que entre 1980 y el 2000 fue secretario general honorario del Grupo
Bilderberg y desde cuyo despacho en Amsterdam se organiza la
conferencia anual. Ni siquiera confirma que el encuentro se celebrará
en Sitges: también eso es, oficialmente, un secreto, aunque este año se
ha desvelado antes que nunca (en abril) a través de Jim Tucker, uno de
los pocos periodistas que en las últimas décadas ha intentar
desentrañar los entresijos del club.
Los españoles
España
estará seguramente representada por tres de sus asistentes habituales y
que forman parte del núcleo duro del Bilderberg: la reina Sofía, el
banquero Matías Rodríguez Inciarte, vicepresidente del Santander, y
Juan Luis Cebrián, consejero delegado de Prisa. Los dos últimos tomaron
el relevo, como representantes oficiales de España, del empresario
Jaime Carvajal y Urquijo, amigo personal del rey Juan Carlos, y que
acudió fielmente entre los años 1981 y 1998.
Aunque eso de la
representación oficial tampoco es realmente así: cada participante
viene a título personal, todos son iguales, y su posición en la sala es
decidida por el apellido, por alfabeto; no por rango, importancia o
antigüedad. Así que el comisario europeo Joaquín Almunia se suele
sentar junto al teniente general Keith B. Alexander, director de la
Agencia Nacional de Seguridad de EEUU. Y Juan María Nin, director
general de La Caixa, debutó el año pasado al lado de la reina Beatriz
de Holanda (la situaron ahí por la N de Netherlands). Otros españoles
que estuvieron en el foro en Grecia fueron el ministro de Exteriores,
Miguel Ángel Moratinos; el entonces vicepresidente Pedro Solbes; el
secretario general de la Presidencia, Bernardino León, y el presidente
de Acciona, José Manuel Entrecanales.
De Kissinger a Rockefeller
Todos
ellos debaten con personalidades como el exsecretario de Estado
norteamericano Henry Kissinger; el banquero David Rockefeller; los
presidentes de los bancos centrales y nacionales, ministros,
expresidentes de Gobierno, banqueros y muchos ejecutivos de grandes
empresas, como Nokia, Coca-Cola, Pepsi, Airbus, Shell,
Siemens,
Novartis, Fiat (los Agnelli) y un largo etcétera, además de altos
cargos de conglomerados mediáticos como The Wall Street Journal, The
New York Times y Die Zeit.
Kissinger y Rockefeller han estado desde
el principio en el núcleo duro, el llamado Comité de Sabios, que en los
últimos años dirige el belga Etienne Davignon. En torno a estos hombres
poderosos orbitan una cuarentena de socios fijos (dos terceras partes
de Europa, el resto de EEUU y Canadá) que forman el comité de
dirección. Y todos estos, a su vez, pueden invitar a cada reunión del
Bilderberg a dos personas más (siempre una combinación de político y
banquero, o político e intelectual) que creen que pueden aportar su
grano de arena a las cuatro sesiones diarias.
Así es excepto los
sábados, cuando la mañana o la tarde se reservan para la diversión,
preferentemente jugar al golf. Un granito de arena muy breve, en
primera instancia, ya que el número de asistentes suele sobrepasar los
130 y las sesiones se asemejan al programa 59 segundos: todos tienen un
minuto para exponer opiniones, ideas e iniciativas.
Hasta ahí la
parte formal, que se conoce en parte gracias a la decena de libros que
periodistas, escritores e investigadores han dedicado a un grupo
selecto que por su opacidad pública siempre ha atraído el interés de
aficionados a las teorías de la conspiración. De ahí que a los
Bilderberg se les conozca también como «los amos del mundo» o «el gran
gobierno mundial en la sombra» que sería el responsable real de cómo
está configurado el mundo, sobre todo en el aspecto económico, con el
auge desenfrenado del capitalismo en los años previos a la crisis
actual.
Casualidad que el encuentro del Bilderberg se celebró el año
pasado en Grecia, poco antes del desplome de la economía de aquel país.
«Pero no recuerdo que habláramos ni siquiera de la economía de Grecia
en particular, como tampoco me parece probable que este año hablemos de
España –dice Victor Halberstadt–, aunque es normal que debatamos la
actualidad política y económica en el mundo».
Una actualidad que, a
veces, se hace muy notoria poco después de celebrarse el encuentro.
Así, asistieron como invitados al Grupo Bilderberg hombres como Bill
Clinton,
Barack Obama y Tony Blair el año antes de lograr la presidencia de su
país (los dos primeros) o el liderazgo de su partido. Para algunos, la
aprobación de parte de los hombres (y pocas mujeres) influyentes del
Grupo Bilderberg significa el pasaporte hacia el liderazgo político.
Pero
más que aupar nuevos líderes –se dice incluso que en 1975 en Palma se
escogió a Adolfo Suárez como el presidente posfranquista– los
encuentros sirven para establecer el fundamento de un gobierno único,
un grupo de personas sin fronteras y con solo tres monedas en
circulación: el euro, el dólar y una para Asia, como el yen. Circula
una cita de David Rockefeller de hace 40 años en la que manifestaba que
«el mundo está preparado para caminar hacia un gobierno mundial. La
soberanía supranacional de una élite intelectual y de los banqueros
mundiales es preferible a la autodeterminación nacional practicada en
los últimos siglos».
De paso, Rockefeller agradeció el respetuoso
silencio de los magnates multimedia que han asistido siempre a las
reuniones, porque el secretismo ha sido fundamental para poder debatir
y decidir libremente. Aun así, nacido bajo los auspicios de la CIA, en
la última década ese secretismo se ha ido perdiendo un poco, como
confirma también un exalto cargo del Gobierno español, que prefiere
preservar el anonimato. «Las dos veces que he participado no he tenido
la sensación de formar parte de ninguna sociedad secreta, ni de ninguna
conspiración». Pese a ello, el 6 de junio no habrá ningún informe sobre
los asuntos debatidos en Sitges.
Fuente:
Aquí Despertemos ya.... por favor ...